Mi terapeuta y yo, emisor y receptor: hay comunicación

Sabemos de sobras que para que exista COMUNICACIÓN es imprescindible que haya un emisor que transmite un mensaje y un receptor que se encarga de recibirlo. El canal o soporte es lo de menos ya que mientras haya intención de comunicarse, se pondrán medios para que la fluidez entre emisor y receptor funcione.
Pues bien, el caso que os vengo a exponer es el de mi terapeuta y yo. Son unos años ya, desde septiembre de 2005, en los que nos hemos ido viendo y compartiendo horas juntos intentando llegar al buen entendimiento. Actualmente, con nuestros más y nuestros menos, con diálogo y mucho entrenamiento hemos ido moldeando los intereses comunes, afinidades, complicidad y metas.
No es que dedique mucho tiempo a sus sesiones, simplemente que el rato que estamos juntos intentamos exprimir al máximo nuestra unión y entendimiento. La clave del éxito es que nos vamos expresando sin temor a la reacción del otro y defendiendo el diálogo como vía de relación. No dejamos que predomine el monólogo: se busca el diálogo completo y equilibrado. Siempre respetando las circunstancias, la condición y el mundo que nos rodea a cada uno.
Actualmente gozamos de un sublime estado de comunicación: la compenetración absoluta. Ya el lenguaje verbal ha pasado a un segundo plano. Nuestra comunicación actual se basa en gestos, miradas, acciones, reacciones, etc. y predomina por encima de todo el lenguaje no verbal. No nos hace falta saber en qué momento asumirá cada uno su responsabilidad, nuestra reacción o nuestra manera de hacer las cosas, llegado el momento cada uno de los papeles se intenta desempeñar de la manera más perfecta por el bien común.
Soy feliz al saber que hoy somos dos seres con una sola alma, hoy sé que existe un vínculo que no se puede romper. Hoy sé que cuando dos seres se quieren entender, el mensaje llega sin apenas esfuerzos, sin apenas gestos o palabras.
Ahora no concibo mi vida sin mi terapia de 3 o 4 veces por semana, es mi droga, y el caso es que llegó a mi por cosas del destino, yo no lo buscaba, él vino a mi porque me tocó en el sorteo de una revista con la temática especializada en su mundo y ahora no sé vivir sin él.
Os presento a mi terapeuta, Nevado, un ser sensible con ganas de comunicarse con los seres que le rodean, juguetón, con un corazón enorme y una cabeza bien amueblada. Es un comunicador nato y con dicha predisposición es imposible que no haya COMUNICACIÓN.
No hace falta decir que la comunicación no entiende de razas, colores, categorías ni especies. 
El día de la entrega del premio, septiembre de 2005

 
Encerrados en la cuadra porque llueve y no podemos practicar nuestro deporte favorito. No hacen falta palabras para describir el enfado que teníamos con la climatología.

 
Compenetración absoluta en el ejercicio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *